Marga Solé.- Vivimos tiempos muy difíciles para la profesión, Eres, independencia de los medios, caída de la publicidad por la crisis, pérdida de valores...
La verdad es que nunca en las redacciones de los medios habíamos tenido la impresión de vivir una crisis tan profunda y con la sensación de que es algo más que una crisis económica. En realidad, -como en las muñecas rusas- hay cuatro o cinco crisis dentro de una más gorda que es la económica. Una es del modelo industrial con un movimiento de los lectores de papel hacia al digital. Es decir, se da la paradoja que nunca habíamos tenido tanta audiencia-lectores pero tan poca gente dispuesta a pagar por lo que hacemos. Por lo tanto, o encontramos un modelo que en el diario digital permita obtener ingresos o cambiará completamente el modelo y este problema, que afecta sobre todo a las empresas, acabará repercutiendo en el trabajo periodístico. Y después está la crisis de credibilidad, existencial del propio periodismo. Internet ha puesto en cuestión nuestro papel de intermediarios en el mundo de la información y quizás la gente ya no quiere intermediarios. También hace falta definir cómo debería ser el papel del y la periodista en las nuevas redacciones multimedia.
¿Esto significa que puede desaparecer el periódico de papel, tal y como lo conocemos?
Creo que el futuro está en el periódico electrónico porque vamos hacia una cultura en la que la gente se descargará todo lo que le interese muy selectivamente y por tanto necesitará una herramienta que le permita rápidamente seleccionar aquello que prefiera o le interese. De todos modos creo que todavía le queda tiempo al periódico de papel, porque tiene una versatilidad que no tiene ningún otro medio electrónico y aún hay mucha gente que seguirá comprando el papel como un elemento más, pero hemos de orientar nuestros esfuerzos para traducir contenidos y ser capaces de dar estos contenidos en diferentes formatos, en papel, en digital y dentro del digital en todas las modalidades posibles: vídeo, audio, televisión, etcétera.
¿De qué forma entran en este formato los periódicos gratuitos?
Se ha hecho una lectura equivocada de los periódicos gratuitos. Cuando salieron al mercado, la prensa se puso nerviosa, dijeron: nos sacarán lectores. Es cierto que en Europa se han perdido diez millones de lectores de periódicos de pago en diez años, pero yo no creo que la prensa gratuita haya hecho más daño del que ha hecho la crisis estructural. Ha podido contribuir, pero no ha sido un elemento fundamental y en cambio, ha sacado a la luz cual es el techo de un modelo de prensa que sólo se financie con publicidad. Lo negativo de la prensa gratuita ha sido contribuir a la idea de que la información puede ser gratuita, que no tiene valor, y nosotros, periodistas y empresas debemos luchar por darle la vuelta y decir que hoy, ofrecer información de actualidad, contrastada, independiente y buena es más caro que nunca, por lo tanto alguien ha de estar dispuesto a pagar por esto.
Dice información de actualidad, contrastada, independiente y buena, pero, ¿de que manera pueden los ciudadanos y ciudadanas exigirla, si es que la quieren, claro?
Tienen varias posibilidades. Nosotros vivimos en un modelo que tiene una convivencia entre medios públicos y medios privados. A los públicos les exigimos que cumplan su función social que no consiste solamente en entretener, y menos todavía entretener a cualquier precio. En el caso de los privados, están las reglas del mercado. Los ciudadanos y ciudadanas tienen la oportunidad de premiar, comprando y pagando aquellos que les ofrecen realmente un valor diferencial, es decir, una información más veraz, contrastada y rigurosa y no conformándose con lo que reciben de forma gratuita, pero no tan fiable.
¿Por qué los y las periodistas que ya tenemos una edad y una experiencia no interesamos a las empresas periodísticas?
Esto es la consecuencia de un planteamiento muy equivocado de las empresas, que han tenido diez años de resultados extraordinarios haciendo inversiones en imperios mediáticos, y en el primer año que ha venido la crisis le han hecho frente recortando de la manera más fácil: prescindir de la experiencia y de la memoria, porque son los y las periodistas que tienen sueldos más altos y de más responsabilidad. Estoy segura que cuando superemos la crisis, si queremos dar la batalla de la calidad y la credibilidad, los periódicos que han prescindido de sus veteranos tendrán un problema de equilibrio en sus redacciones, ya que éstas deben tener una proporción entre gente que tenga memoria, experiencia y norte ideológico y gente con empuje que sea capaz de irse a la guerra, a la trinchera o a donde sea porque son jóvenes y tienen ilusión, pero tan necesarios son los unos como los otros. Pero, por muy bien que lo hagan los y las jóvenes y por muy preparados que estén si les falta esta ponderación que da la experiencia, después pasa lo que pasa y encontramos titulares exagerados o errores de enfoque en noticias, que todos lamentamos.
Pues en las ruedas de prensa y para salir a la calle se envía gente joven
La culpa es del sistema de promoción de los “periodistas seniors” porque a un buen o buena periodista, que hace muy bien su trabajo y que tiene mucha experiencia, para promocionarlo se le da un cargo directivo y entonces deja de hacer información, con lo cual hemos prescindido de un muy buen periodista quizás para crear un mal directivo.
Por tanto, la promoción de los seniors debería estar equiparada desde el punto de vista salarial y de reconocimiento profesional en el organigrama de la organización para evitar que personas que podrían ser brillantes periodistas toda su vida, se vean abocadas a hacer de jefes y, a veces, no lo hacen todo lo bien que sería necesario y después tienen un difícil regreso si quieren hacer de periodistas, con lo cual es gente que queda arrinconada en las redacciones o que abandona la profesión de una manera muy injusta.
Usted es la tercera mujer Defensora del Lector que tiene El País, pero en la mayoría de “staffs” de medios de comunicación casi no hay mujeres, especialmente en los escritos. ¿La mujer periodista dirigente no tiene credibilidad?
Cuando yo formaba parte del comité profesional de El País se aprobó la ley de Igualdad, y entonces hicimos un estudio para intentar averiguar porque en casi 20 años en la redacción de El País prácticamente no se había movido el porcentaje de mujeres que estábamos en cargos de responsabilidad aunque la dirección era sensible a este tema. La conclusión no fue la esperada porque pese a que es verdad que hay un techo de vidrio que hace que se promuevan menos mujeres de las que se lo merecerían y que, en igualdad de números, en una redacción se promocionan más rápido los hombres que las mujeres esto no explica que estemos a menos de un 14% de mujeres directivas. ¿Por qué no llegamos al 30%? Según dicho estudio, el 98% de las mujeres consideran que los horarios y la manera de organizar el trabajo de la redacción son incompatibles con su vida familiar y, cuando se han visto obligadas a escoger, muchas de ellas han preferido dedicarse a la vida familiar y personal. Curiosamente, entre las generaciones jóvenes de hombres, que también colaboran en los trabajos del hogar se quejan de lo mismo. Por tanto ahora las redacciones tienen la oportunidad de cambiar las costumbres. Esto todavía es muy difícil con la vieja redacción de papel porque se trata de hacer un producto cada 24 horas y todo el mundo se espera hasta las 12 de la noche para cerrar mejor pero en la redacción multimedia ya no se ha de empezar y acabar un producto cada 24 horas porque su valor es la inmediatez y, por tanto, deberíamos aprovechar esta ventaja tecnológica a favor nuestro, pero esto nos lo debemos trabajar.
¿Y la mujer como noticia?
Si me lo pregunta por las fotografías que publicó El País sobre la prostitución en Ciutat Vella y que en algunos sectores se ha dicho que el reportaje atentaba contra la dignidad de estas mujeres, no creo que sea esto. No debemos informar de las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres y no deben tener un trato diferente al que se le da a los hombres en las guerras por ejemplo, pero sí que se puede hacer un periodismo de denuncia. Otra cosa distinta es publicar las fotografías por puro morbo, amarillismo, atraer lectores..., pero el objetivo de las fotografías era, exclusivamente, denunciar una situación.
Hemos de dar a las mujeres un trato respetuoso, evidentemente.
¿Cualquiera puede hacer de periodista, de presentador/presentadora aunque que no tenga preparación?
No, en estos momentos el problema es que en los formatos de entretenimiento se están utilizando contenidos y formas del periodismo riguroso. Las tertulias tuvieron su función, especialmente en las emisoras de radio, para acercar la política y la controversia de puntos de vista a los y las oyentes de una manera más amena y dinámica. Ahora bien, se han ido desprestigiando con la aparición del formato de tertulia-espectáculo básicamente basado en temas del corazón y algunas de las personas que iban a las tertulias rigurosas ahora también van a estas otras y entonces si no nos distinguimos, corremos el riesgo que el género en sí mismo pierda credibilidad.
¿Cómo ve el futuro del periodismo como profesión? ¿Y el futuro de los medios?
He oído decir a antiguos profesores que en el grafismo chino la crisis se escribe con dos iconos: uno que representa riesgo y el otro, oportunidad y creo que es una imagen muy acertada. Tenemos la oportunidad de repensar la profesión y de utilizar los cambios a los cuales nos obliga el marco tecnológico para reforzar nuestra credibilidad, el rigor, etcétera; pero echo de menos que colectivamente no estamos a la altura del reto que se nos plantea. Estamos muy atomizados cada cual haciendo su “guerra individual” en su empresa, me refiero a la lucha por mejorar, y, por tanto, tenemos el déficit de pensar en nuestra profesión y de como estos cambios nos afectarán. Pongo sólo un ejemplo: ahora hacemos periodismo digital, dónde la rapidez entra en tensión con la seguridad. Si no establecemos nuevos criterios de control de calidad de las informaciones corremos el riesgo de dar noticias falsas que después deberemos desmentir.
Debemos repensar cómo aplicamos los viejos principios de la profesión del periodismo a los nuevos escenarios.