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Laia Serra.- El Informe Anual de la Profesión Periodística del 2009 recoge, en la sección de la encuesta sobre identidad profesional, un apartado sobre la mujer en la profesión periodística. El 2007, recuerda el texto, fue declarado por la Unión Europea Año Europeo de la Igualdad de Oportunidades para todo el mundo y, entre otras actuaciones de difusión y promoción, realizó un estudio sobre la igualdad real de oportunidades en la UE. Una de las iniciativas fue la realización de uno eurobarómetro sobre percepciones, actitudes y valores de los europeos ante la discriminación. De los resultados se extrajo que gran parte de los europeos perciben discriminaciones, entre las que un 40% consideran que están basadas en cuestiones de género. En España, un 55% perciben que las discriminaciones por cuestiones de género están extendidas.
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En el plano laboral, un 47% de los europeos señalaba que ser mujer era origen de menos probabilidades para ser seleccionada o promovida, y en España –afirma la informe a pesar de no dar datos- estas cifras aún son más elevadas.
La creciente feminización de la profesión que se da desde el 1998 –en el 2008 un 70% de los nuevos periodistas eran mujeres-, así como la paridad entre ambos sexos en la profesión, no va acompañada, en el plano laboral, de una igualdad de oportunidades. Y esta situación de desigualdad se manifiesta en diversos ámbitos: el tipo de contrato –20,2% de mujeres con contrato temporal frente el 12,2% de hombres-; el tiempo utilizado para conseguir estabilidad laboral –los hombres dedican más tiempo-; el hecho de disponer de personas a su cargo –el 33,7% de mujeres periodistas cuenta con personas a su cargo frente al 54,9% de hombres que sí que las tienen, lo cual implica la existencia de muy pocas mujeres a las redacciones con responsabilidades de cuidado o, lo que es lo mismo, que las mujeres con responsabilidades de cuidado no trabajan como periodistas…-; las diferencias salariales entre hombres y mujeres –el sueldo más habitual entre las mujeres es entre 1.201€ y 1.500 € (18,1%), mientras que entre los hombres es de más de 3.000 € (20,8%)–; la dificultad de acceso a un lugar de alta dirección –el 30,7% de los profesionales señala como a la principal causa de esta dificultad “las cargas familiares de las mujeres”-.
Tanto hombres como mujeres tienen la percepción que sigue habiendo muchas dificultades para las mujeres en la profesión. El 41,6% señala el acceso a un lugar de alta dirección como la mayor dificultad de las mujeres en el trabajo, seguido por el acceso a un lugar de responsabilidad o cargo intermedio (20,9%).
Las expectativas de los profesionales de los medios indican también sus demandas más inmediatas: para la mayoría de mujeres periodistas, el 57,9%, la expectativa más importante es el hecho de contar con horarios más flexibles, mientras que para los hombres, es la estabilidad en el trabajo (42,9%) –que para las mujeres está en segundo lugar (56,6%)–. Destaca la poca importancia que dan los hombres periodistas a la flexibilidad de los horarios: uno 18,7% consideró que era poco importante, el doble de mujeres.
Dificultades sí, discriminación no?
El informe dedica uno apartado al análisis cualitativo con perspectiva de género. Resalta que los entrevistados no perciben que en el periodismo haya prácticas discriminatorias. La progresiva incorporación de mujeres a la profesión ha mitigado la idea que era “terreno de hombres”. Aun así, explica, cuando el discurso se concreta en la carrera profesional, se pone de manifiesto que los lugares de máxima responsabilidad en los medios están ocupados con frecuencia por hombres, a pesar de que parece que esta situación va cambiando con el desarrollo de las carreras profesionales y las mujeres van accediendo a lugares de responsabilidad intermedia.
Eso quiere decir, puntualiza éste análisis, que a la hora de valorar la cuestión de la discriminación entre la profesión periodística, “los entrevistados piensan seguramente en casos extremos y flagrantes de discriminación, como el asedio laboral o los despidos por embarazo, pero dejan al margen el patente desequilibrio, según sus propias narraciones, en la ocupación y el cumplimiento de cargos de máxima responsabilidad dentro del sector, como si esta cuestión fuese ajena a la discriminación por razones de género”.
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