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En el mundo en desarrollo las mujeres ya están siendo afectadas cada día de forma desproporcionada
Elisabeth Rosenthal, periodista del New York Times, dedica la mitad de su tiempo a los países en desarrollo, y la otra mitad a cubrir las soluciones medioambientales implementadas alrededor del mundo que EE.UU
glocal | 18/02/2010

Patricia Estevez.- Elisabeth Rosenthal llegó al periodismo de una forma inusual: ejerciendo como médico de urgencias en un hospital de Nueva York. Allí le invadió la impotencia de ver que la mayoría de problemas a los que se enfrentaba día a día no tenían carácter físico, sino social. La vida le llevó a comenzar a escribir para el New York Times (NYT) sobre medicina y el sistema sanitario estadounidense, y de ahí a especializarse sobre temas sociales hubo un paso. Después vino China durante 6 años, y un traslado a Europa para trabajar en el International Herald Tribune (IHT), abarcando temas de salud y medioambiente: lo que parecía que sería su vuelta al periodismo de salud, se terminó convirtiendo en una nueva especialización, la cobertura sobre temas internacionales y medioambiente, en especial los retos a los que se enfrentan los países en desarrollo en la llamada batalla por el clima. Desde hace un año está de vuelta en el NYT, dedicando la mitad de su tiempo a los países en desarrollo, y la otra mitad a cubrir las soluciones medioambientales implementadas alrededor del mundo que EE.UU. aún no ha adoptado. Elisabeth Rosenthal visita Barcelona para exponer su punto de vista sobre el futuro del Acuerdo de Copenhague junto a otros colegas periodistas, en un encuentro organizado por la Associació de Periodistes Europeus de Catalunya (APEC), el Patronat Catalunya Món y Caixa Catalunya.

Foto: Patricia Estevez

La periodista Elisabeth Rosenthal

Ha venido a Barcelona para aportar su visión sobre lo sucedido en Copenhague e intentar dar una perspectiva sobre el futuro que le espera al Acuerdo allí firmado. ¿Qué puede decir sobre esto?
Se habían puesto grandes esperanzas en la cumbre y se convirtió en una gran decepción, especialmente para los europeos, que realmente habían apostado fuerte por el clima mientras que el resto aún se preguntaba si realmente les importaba la problemática. A pesar de esta decepción, la cuestión es que existe un pequeño acuerdo como resultado y no está claro si en diez años podremos decir que realmente no significó nada, o diremos que fue la semilla de algo importante. Es verdad que el proceso fue terrible en Copenhague, pero si buscas encontrar algo bueno como resultado, hay que destacar que fue la primera vez que China, India y Estados Unidos (EE.UU.) estuvieron en la misma habitación afirmando que compartían responsabilidades.

Igualmente, si esto no se apoya con acciones, no significará gran cosa. Lo sabremos el día 31 de enero, cuando los países publiquen sus planes de reducción de emisiones y ajustes. Por otra parte, se puso mucho dinero encima de la mesa y aunque probablemente no es suficiente, tampoco sabemos si el dinero prometido se va a materializar y cómo se va a materializar.

¿Cuál cree que fue la principal razón del fracaso?
El primer problema es que el proceso de Naciones Unidas es poco adecuado para dar como fruto un tratado vinculante, como se demostró en el hecho de que a diez días de comienzo de la cumbre había gente aún discutiendo por cosas pequeñas. Poner de acuerdo a 193 países es difícil. El segundo problema viene derivado de la necesidad de que los principales emisores tienen que actuar ahora. La Unión Europea (UE) ya está manos a la obra, por lo que para conseguir resultados significativos era necesario que se implicaran principalmente Estados Unidos y China, y quizás India y Brasil. Las negociaciones se encallaron en cómo se va a medir y verificar lo que la gente dice que está haciendo, que es un debate real y legítimo. Creo que en algún momento alguien tendrá que dar un primer paso adelante, pero no sucedió. Es verdad que el documento final tiene un párrafo sobre cómo se va a evaluar el cumplimiento del Acuerdo, pero cuando yo misma lo leí dudé de su significado. De alguna forma, si quieres ser optimista puedes definirlo como un efecto dominó: que alguien como China o Estados Unidos se decida a unirse, es probable que fomente que otros también se animen a ello; aunque por otra parte si la oferta es pobre, las demás ofertas también lo serán. Analizar qué pasará el 31 será un punto de comienzo interesante, aunque pienso que nadie espera ofertas adecuadas. En este caso la UE podría plantearse, hipotéticamente, el porqué seguir siendo los mártires de la causa cuando ya están haciendo mucho más que todos los demás y nadie les sigue. La realidad es que a pesar de que Europa entera reduzca sus emisiones de forma dramática, a menos que China y EE.UU. también lo hagan, no se solucionará el problema.

Ha comentado que uno de los problemas de la cumbre tenía que ver con el proceso de decisión de Naciones Unidos. ¿Cree que el poder de influencia de Naciones Unidas ha variado en este tiempo?
La Secretaría de la Convención Mundial de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ha hecho un gran trabajo, porque ha sido muy juiciosa en alertar para que la comunidad internacional se preocupe por este tema, no quiero decir de ningún modo que es irrelevante. Pero el proceso da la voz a los 193 países, y aunque esto por definición es bueno, lo hace muy difícil para llegar a acuerdos. ¡Si ni siquiera el Senado estadounidense puede ponerse de acuerdo y son 100 personas de un mismo país! La CMNUCC requiere total acuerdo, y para ser pragmáticos va a tener que seguir adelante sin llegar a un acuerdo unánime, teniendo al menos el acuerdo de los principales emisores. Al final había 5 países a los que no les gustaba el Acuerdo, lo cual entiendo perfectamente y si yo fuera ellos tampoco me gustaría, pero siendo pragmáticos al menos quieres que pase algo si no se consigue llegar a un acuerdo total.

¿Quién diría que lideraba el proceso en la cumbre?
La UE se sintió ignorada, cuando no fue invitada a participar en la reunión entre EE.UU., China, Brasil, India y Sudáfrica. La UE habría querido liderarlo, y lo hace en ideales y a través de la acción. Si el mundo eligiera hacerle caso se daría cuenta que es posible implementar cambios sin que el mundo se acabe. Para mi, como periodista es interesante, porque Europa aplica impuestos que los estadounidenses ven inviables, y la vida sigue igual, la gente se adapta. Aunque no cubro EE.UU., creo que los estadounidenses no son muy imaginativos, las emisiones per cápita son muy altas, y se podrían reducir fácilmente. 

¿Cómo es la cobertura sobre temas medioambientales en EE.UU.?
Quiero creer que lo hacemos bien. Sólo hace un año que he vuelto a vivir en Nueva York después de estar casi una década fuera del país, y puedo hablar, sobre todo, por el NYT, y el IHT, pero realmente esta cobertura ha tomado fuerza en el último año, ligada a la elección de Obama. Durante la campaña apostó por este tema, e hizo que la gente se interesara; incluso consiguió implementar alguna medida para la que no necesitaba la aprobación del senado, como conseguir que la Environmental Protection Agency regulara de forma más severa sobre contaminantes. Pero EE.UU. está lejos del resto del mundo y los temas medioambientales son especialmente lejanos. Después de ese momento de impulso, sobrevino la crisis financiera, los problemas en Afganistán e Irak, el paro, el gran lío con la reforma sanitaria, etc, y mientras tanto ha perdido la prioridad. El NYT estableció un grupo el pasado mes de enero para cubrir medioambiente, del que formo parte, y han seguido apostando por mantenerlo, se ha hecho un esfuerzo real por educar al público, en parte porque en el pasado los medios han descuidado el tema. Los artículos se publican en primera plana con facilidad, y mis jefes apoyan nuestro trabajando, pero el reto ahora es la agenda nacional, en el paro y la crisis, en la discusión de qué significa la seguridad nacional, etc. Para los que lo cubrimos, sabemos que EE.UU. tiene aún mucho camino por hacer. Por otra parte, si el interés no se mantiene, será un desastre, especialmente teniendo en cuenta que los promotores son los demócratas y el tema se está diluyendo. Normalmente le digo a mis amigos republicanos que si no quieren creer en el calentamiento global que no lo hagan; yo sí creo que existe evidencia suficiente, pero es su opción. Sin embargo, al menos deberían querer la reducción de la dependencia energética a combustibles fósiles, y de emisiones de carbono por motivos económicos. Si todos los demás países atienden a este problema y EE.UU. no lo hace, se va a encontrar en una posición de falta de competitividad.

Foto:Frente a un mundo cambiante: las mujeres, la población y el clima

Con respecto a los temas sociales que ha estado cubriendo, ¿siente que la política de alto nivel realmente los tiene en cuenta? ¿Se habla de esto en las cumbres?
Los países en desarrollo hablan mucho sobre ello, porque están viviendo ya crisis patentes. Hay un riesgo real de que los fondos prometidos se vayan a proyectos más grandes del tipo “invirtamos en limpiar una planta eléctrica en Ucrania”, que en invertir en pequeños proyectos locales, que pueden tener un impacto más directo en la población pero son menos tangibles. En Copenhaguen al menos 5 países dijeron que no querían ser parte del Acuerdo porque sentían que sus necesidades no estaban siendo consideradas.

Otros muchos, como Maldivas, sintieron que al menos había dinero en la mesa, aunque se puede discutir si es “ayuda” o es “lo que se debe” a estos países. Aún así, todavía está por ver si esa transferencia de dinero y tecnología sucede de verdad. Por ejemplo, se habla mucho de desarrollar la energía solar en países en desarrollo. Hasta ahora, cuando se ha construido una gran planta solar, por ejemplo en India, se aporta la energía que se produce a la red de suministro convencional. ¿Y si en vez de una gran infraestructura se llevaran pequeñas plantas solares a pequeños pueblos a los que la red de suministro no llega? Ese dinero podría marcar la diferencia en la calidad de vida de las personas, a la vez que sería llevar a países en pleno desarrollo a beneficiarse de un menor nivel de emisiones de carbono. Esta es, en teoría, una idea atractiva, aunque no sabemos si funcionaría en la vida real.

En el último informe sobre el Estado del Mundo del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) se daba cuenta de que las cumbres tendían a olvidar a las personas, y que en ese sentido, las mujeres eran las más afectadas.
Sí, es cierto. Leí un reportaje especialmente interesante sobre cómo el cambio climático ha afectado a las mujeres en Bolivia. En el mundo en desarrollo las mujeres ya están siendo afectadas cada día de forma desproporcionada por todo lo malo que pasa. Las transferencias industriales de tecnología no están ayudando a la gente de a pie. No hay ninguna razón inherente por la que no pudiera ser de otra forma, pero los mecanismos establecidos por Naciones Unidas para la compensación de emisiones favorecen grandes proyectos, porque son más fáciles de evaluar que un millar de proyectos en pueblos pequeños, un problema de diseño que debería ser atendido.

Al mismo tiempo hay muchas ONGs que está trabajando en el terreno en este sentido. ¿Hay algún proyecto que haya visitado de estas características que le haya llamado la atención?
Una de las mejores facetas de mi trabajo es precisamente que siempre estoy buscando proyectos que puedan servir de modelo. Por ejemplo, los proyectos en India que trabajan con cocinas no contaminantes, algunas a través de energía solar, otras de forma que se queme la madera de forma más eficiente, son proyectos maravillosos llevados a cabo por pequeñas ONG y que benefician en gran medida al trabajo y la salud de las mujeres, que sería fantástico si se pudieran generalizar en el país. No es por falta de ideas, sólo hay que conseguir que el dinero llegue a gente que puede utilizarlo. Soy una optimista y espero que los países ricos, en concierto o individualmente, puedan entender que todo ese dinero que están prometiendo pueda utilizarse para ese tipo de cosas.

Cuando cubres este tipo de historias, ¿crees que tiene un impacto en los lectores? ¿Entienden el mensaje, hacen comentarios sobre ello?
No lo sé, pero con internet sí puedes ver que cuando se publican estas historias reciben muchas visitas, lo reenvían a sus amigos, y quieren aportar a las ONGs en cuestión, pero el problema es obviamente mucho más grande que todo eso. Los reportajes sensibilizan, pero no es fácil decir si es suficiente, porque el nivel de sensibilización tiene que llegar a un nivel político muy alto. La cantidad de dinero que se necesita es muy grande, y los proyectos sobre los que escribo notan el impacto de mis reportajes si están haciendo un buen trabajo, pero esto no va a solventar el problema general. Por una parte siento que estoy haciendo algo positivo, pero por otra te desanimas porque es sólo un granito de arena en el desierto. 
 

Las mujeres, agentes para el cambio climático
Las consecuencias del cambio climático son patentes de formas diversas alrededor del mundo. En el informe sobre el Estado de la Población Mundial (2009) del Fondo de Naciones Unidas para la Población (UNFPA) se insistió en la idea de que el discurso de las cumbres se ha alejado de los efectos sociales y económicos de este fenómeno, relegando a un segundo plano a las personas.

El informe, titulado “Frente a un mundo cambiante: las mujeres, la población y el clima” alerta en palabras de la Directora Ejecutiva del UNFPA, Thoraya Ahmed Obaid, que “las mujeres pobres en los países pobres figuran entre quienes más padecen las consecuencias del cambio climático, aun cuando son quienes menos han contribuido a dicho cambio”. El cambio climático sume a las mujeres en la espiral de la pobreza, desproveyéndolas de los recursos naturales de los que dependen para su actividad rural, y favoreciendo los desastres naturales.

Por ello, las cumbres del cambio climático han de tener en cuenta que el punto de vista de género es imprescindible en sus inversiones: mejorar la educación y la salud de mujeres y niñas contribuye al desarrollo económico de la sociedad, reduciendo así la pobreza e impactando directamente sobre el clima. Thoraya Ahmed Obaid subrayó que “con la posibilidad de una catástrofe climática en el horizonte, no podemos relegar a 3.400 millones de mujeres y niñas al rol de víctimas… ¿No tendría más sentido tener 3.400 millones de agentes para el cambio?”
 


 

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